Eduardo Goligorsky: El festín de las y los hipócritas

Es posible que mi falta de sensibilidad para la música, clásica o popular, sea el producto de un trauma infantil. Ni Mozart ni Beatles. Como nunca he pisado la consulta de un psicoanalista moriré sin conocer el origen de esta peculiaridad. Tengo familiares y amigos melómanos que no se explican mi resistencia a llenar este vacío de mi cultura, pero las cosas son como son. Jamás he asistido a conciertos ni a espectáculos de ópera, y por consiguiente nunca me atrevería a opinar sobre los méritos artísticos de Plácido Domingo, aunque es imposible ignorar la aureola que ha rodeado su nombre en todos los medios de comunicación. Hasta ahora, cuando las y los hipócritas lo han convertido en la carnaza de su festín.

Las provocadoras son legión

La agencia de noticias Associated Press acaba de vulnerar la deontología del periodismo al divulgar como noticia los cotilleos de ocho mujeres que, ocultas tras el anonimato, afirman haber sido acosadas sexualmente por Domingo hace treinta años. Solo se identifica la novena presunta víctima, la mezzosoprano Olga Wulf (información extraída de LV, 14 y 15/8).

Las historias que cuentan todas las denunciantes anónimas, menos una, tampoco van más allá del límite del flirteo: “Me agarró la mano durante una comida de trabajo, me puso la mano sobre la rodilla, me besó”. Basta una palabra enérgica o un gesto más o menos brusco para poner fin a estos escarceos… cuando no son buscados y acogidos con placer por féminas enamoradas o ambiciosas. Las provocadoras son legión, como hacen constar en los juicios de divorcio las esposas desplazadas por rivales seductoras.

Solo una de las presuntas ofendidas fantasmas contó que tuvo relaciones sexuales dos veces con el tenor, pensando que de él podía depender su contrato. Si la reacción complaciente de esta candidata compulsivamente suspicaz se generalizara, todos los lugares de trabajo se convertirían en burdeles, por si acaso, corrompiendo contra su voluntad incluso a los empleadores castos y puros. Sería interesante comprobar cómo evolucionó la carrera artística de estas acusadoras si salieran del anonimato, y por cuántos casting couches (divanes de selección) estuvieron dispuestas a pasar. Mientras tanto, sus bulos arrojan sospechas infundadas sobre las mujeres que progresaron por sus propios méritos. Que son la inmensa mayoría, sin necesidad de recurrir a la libido ni al fraude de la discriminación positiva.

La inquisición de las valquirias

La soprano Ainhoa Arteta reaccionó indignada contra la campaña difamatoria y puso los puntos sobre las íes sin hacer concesiones a la inquisición de las valquirias, que tildó de “calumnia” y “canallada”:

Es un caballero por encima de todo. Un señor al que le pueden gustar las mujeres. ¿Y qué hay de malo en eso? ¿A cuántos hombres les gustan las mujeres? Antiguamente esto se llamaba ligar, si es que se le llama de alguna manera, pero de esto a que hagan ver que es un acosador cuando es la persona más caballerosa y respetuosa que he conocido en la vida, jamás de los jamases.

Honra a Plácido Domingo el hecho de que en lugar de ceñirse al código de la hipocresía y negar la consumación de sus actos más íntimos, aclare que estos siempre estuvieron presididos por el respeto a los deseos de la otra parte:

Es doloroso escuchar que podría haber molestado a alguien o hacerla sentir incómoda, no importa los años que haga de ello. Creí que todas mis interacciones y relaciones fueron siempre bienvenidas y voluntarias. La gente que me conoce o que ha trabajado conmigo sabe que no soy el tipo de persona que heriría a alguien intencionadamente, ni ofendería ni pondría en un aprieto a nadie.

Casta de fariseos

Plácido Domingo atribuye las acusaciones vertidas contra él al hecho de que “las reglas y los estándares por los que hoy nos medimos han cambiado”. ¡Qué ingenuidad! Si las reglas han cambiado ha sido para relajarse, no para volverse más severas. Él no es víctima de la implantación de un criterio moral más estricto que el de hace treinta años. Todo lo contrario. Lo que sucede es que una casta de fariseos se ha apoderado de las redes sociales y las utiliza para entronizar a sus favoritos y denigrar a quienes conservan su independencia. Tampoco faltan quienes ven la mano de la controvertida secta de la cienciología detrás de este ataque (Incitatus, “Plácido”, Vozpópuli, 17/8).

La Roma decadente es el modelo que hoy prospera bajo el manto de la doble moral. ¿Plácido Domingo pecador? De pecador, nada. Es la carnaza predilecta en el festín de las y los hipócritas. La que encabeza la campaña mojigata no es la denostada ultraderecha clerical sino la intocable izquierda progre, asidua concurrente a los espectaculares carnavales del Orgullo Gay. Para ella los réprobos son los donjuanes heterosexuales que no se han sumado a las nuevas modas libertinas.

Mercaderes del puritanismo

Las reglas, repito, se han relajado para quienes están en la onda. Leo un titular: “Adulterio S. A. – La floreciente industria de la infidelidad” (El País, 12/8). Y me entero de que:

Cada vez hay más engaños porque los dispositivos móviles han sacado la infidelidad de la clandestinidad y han permitido que tener un amante esté al alcance de cualquiera. Ser infiel es mucho más fácil y rápido, y aunque el hombre gana por goleada, crece el número de mujeres que echan una canita al aire.

El artículo citado aporta una plétora de datos reveladores, entre ellos los siguientes, que dejan con las vergüenzas al aire a las y los hipócritas mercaderes del puritanismo:

ashley madison, la red social más utilizada por quienes practican la infidelidad conyugal o de pareja tiene 60 millones de socios en 53 países. En el 2018 incorporó 442.000 nuevos usuarios por mes y 5.3 millones en el año. España tiene 1.56 millones de usuarios registrados en la red y ocupa el segundo lugar en Europa, después del Reino Unido, y el octavo en el mundo.

Los competidores de ashley madison se multiplican como setas. Gleeden es el primer sitio de encuentros extramatrimoniales pensado por mujeres para mujeres, fundado en Francia, con 600.000 contactos en España.

Según una encuesta del Instituto Francés de la Opinión Pública, que abarcó 5.000 mujeres de cinco países, el 30% de las españolas declaró haber sido infiel en algún momento de su vida (contra el 37% de las francesas y el 43% de las alemanas) y el 60% no estaban arrepentidas.

Se perfeccionan los sistemas para ocultar y borrar información comprometedora de los dispositivos móviles.

Crece exponencialmente el número de hoteles que suministran alojamiento discreto y lujoso por horas a las parejas adúlteras, con los complementos más sofisticados.

Preocupémonos

Dejemos en paz a Plácido Domingo en el apogeo de su carrera artística, y garanticemos la libertad de los adultos para satisfacer sus preferencias sexuales con consentimiento mutuo. Y preocupémonos –¡y mucho!– por los niños que a partir de los 8 años descubren la sexualidad mirando pornografía en internet (LV, 11/6) y reciben enseñanzas confusas sobre identidad de género en la escuela pública, con gran regocijo de los pederastas.

 

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